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Introducción

 

En memoria de Ricardo Torrijos y de Luis Santamaría

Los Niños de la Guerra

Niños de la guerra son todos los menores que viven y sufren las consecuencias de conflictos bélicos y enfrentamientos armados, pero de manera más específica se aplica la denominación de “niños de la Guerra” al grupo de menores que tuvieron que abandonar España durante la Guerra Civil o inmediatamente después de su conclusión.

En este sentido, la Ley 3/2005 considera “niños de la Guerra” aquellos ciudadanos de origen español desplazados al extranjero entre el 18 de julio del 36 y el 31 de diciembre del 39, como consecuencia de la guerra civil española y durante su minoría de edad. De esta forma, la norma acota el ámbito temporal de la salida a ese período y el ámbito subjetivo de sus beneficiarios: sólo quienes no superaban los 23 años (-entonces la mayoría de edad legal estaba establecida en esa edad-) al abandonar España y que además desarrollaron la mayor parte de su vida fuera de ella (es decir, no fueron objeto de repatriación o retornaron a España antes del final de la guerra o inmediatamente después) generan el derecho al reconocimiento de la pensión creada por la norma.

La Guerra Civil española fue una guerra total, como lo había sido ya la Primera Guerra Mundial, en el sentido de que son contiendas con repercusión en toda la población del país, y por ende también a los niños. Miles de hogares se deshicieron desde el primer momento del conflicto, porque los padres tuvieron que partir al frente, porque hubieron de huir de las zonas afectadas de modo directo por la guerra, porque tuvieron que esconderse para evitar represalias si pertenecían (o aparentaban pertenecer) al bando contrario al que dominaban la zona o porque fueron paseados, fusilados, asesinados.

El sufrimiento de los menores se acentuó en las zonas cercanas a los frentes, por los bombardeos, por la escasez de alimentos, por las enfermedades. De hecho, el ejercicio de recuperación de la memoria a través de los dibujos de los niños que concibió la fundación Archivos de la Brigada Lincoln, se aprecia como los aviones y los bombardeos están muy presentes en la mayoría de los dibujos.

Según uno de los más famosos historiadores de la guerra civil, Ramón Salas Larrazábal, durante la guerra murieron en torno a 138.000 niños. Tanto si la cifra de las víctimas adultas de manera violenta se sitúa en torno a 275.000 (señalada por los investigadores más rigurosos) como si se eleva hasta el exagerado “millón de muertos” de la novela de Gironella, no deja de ser espeluznante el número de víctimas infantiles de la guerra. Sin olvidar que la guerra produjo evidentemente una caída de natalidad que los demógrafos estiman en torno a los 500.000 nacimientos menos de los esperados. Como dice Ángeles Muñoz en Destino Bélgica, “los niños fueron víctimas inocentes de una guerra cruel, conocieron la violencia, el terror, el hambre, la separación de la familia y un éxodo interminable y doloroso… Son niños prematuramente adultos como consecuencia de una experiencia que marcaría para siempre sus vidas”.

Conoce las historias de los niños de la guerra en este documental interactivo

Con las sucesivas derrotas republicanas en el frente norte peninsular se iniciaron las primeras evacuaciones oficiales y masivas de niños hacia la costa mediterránea, primero, y al extranjero, después. A finales de 1937 llegó a haber 564 colonias escolares (un tercio colectivas y el resto en régimen familiar) que acogían a más de 45.000 niños y niñas. Pero el continuo avance del ejército nacional durante 1938 las transformó en meros refugios y dificultó el desarrollo en ellas de tareas asistenciales y educativas.

Aunque existe constancia de la salida de niños hacia Francia ya en septiembre de 1936, la primera expedición oficial organizada tuvo lugar el 20 de marzo de 1937 al ser enviados 450 niños a la isla de Olèron, a la que siguió la marcha de 72 niños a la Unión Soviética. Luego, el bombardeo de Guernica el 26 de abril y la caída de Bilbao el 17 de junio de 1937 determinaron al Gobierno vasco a organizar evacuaciones masivas al extranjero. La prensa de la época documentó con amplio despliegue gráfico la salida de 4.000 niños vascos en el buque “Habana” huyendo de la miseria y el hambre.

Las expediciones infantiles tuvieron como destinos preferentes Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia, y en menor medida países como Suiza, Noruega, Dinamarca, Suecia y México. En principio se concibieron como estancias transitorias, pero la derrota republicana convirtió para muchos la evacuación temporal en exilio definitivo, bien por decisión de los propios padres de no regresar a España, bien por las trabas puestas para facilitar la repatriación, como sucedió en el caso de la Unión Soviética y México.

Cálculos fiables hablan de 30.000 menores evacuados durante la guerra y de 70.000 niños víctimas del éxodo iniciado en 1939.

Ya desde el primer momento, el Gobierno de la República creó dos organismos para acometer las tareas de evacuación de menores: la Oficina Central de Evacuación y Asistencia a Refugiados (OCEAR), creada en febrero de 1937 por Federica Montseny, Ministra de Sanidad y Asistencia Social y disuelta en enero de 1938, al pasar sus competencias al Ministerio de Trabajo y Asistencia Social;  y la Dirección General de Evacuación y Refugiados, creada en enero de 1938 en el Ministerio de Trabajo y Asistencia Social, cuya primera titular fue la republicana Eladia Farando, y que estuvo en funcionamiento hasta el final de la Guerra Civil. Estos dos organismos asumieron las tareas de organización de las evacuaciones planificadas u oficiales, desarrolladas en paralelo a las amparadas por iniciativas privadas y a las evacuaciones en desbandada que se desataban al llegar el frente a las poblaciones.

Los desplazamientos masivos de la población, con los niños como parte importante, se iniciaron inmediatamente tras el golpe de Estado. En agosto del 36, con la caída de bombas sobre Irún, se produce el primer desplazamiento de adultos y menores y, por las mismas fechas, un grupo de personas, entre ellas niños, cruzan a Portugal desde Badajoz. A lo largo del año 37, a medida que el Ejército Republicano iba sufriendo sucesivas derrotas, se siguen realizando evacuaciones masivas de niños. Por un lado, tienen lugar desplazamientos internos, más o menos organizados por el Gobierno de la República de Niños, desde Madrid y el centro hacia las colonias escolares de los territorios de la península, Levante y Cataluña fundamentalmente, bajo el control republicano. Simultáneamente, comenzaron las evaluaciones a Francia, Bélgica y casi inmediatamente después al Reino Unido, desde el País Vasco especialmente tras el bombardeo de Guernica, e incluso a México, con los célebres “niños de Morelia”, que salieron en junio del 37.

Las colonias escolares

En el caso de las colonias escolares no se puede hablar propiamente de exilio, aunque hay ya un desplazamiento, un abandono de la familia, un desarraigo en cierta medida, no tan radical como en la evaluación al extranjero.

Así lo recuerda Ricardo Torrijos, en El mejor pasado: “Desde el mes de octubre de 1936 comenzaron a evacuarse niños de Madrid. Los trasladaban a unos lugares, más seguros, alejados de la guerra y donde no pasaran ni hambre ni calamidades. Se les ubicó en colonias infantiles en las provincias de Levante, dentro de los lineamientos sociológicos, del estilo y metodología de las colonias veraniegas al uso. La Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) tenía mucha experiencia en el manejo de dicha actividad. Se beneficiaron de las colonias un crecido número de niños madrileños, de Andalucía y de los distintos lugares ocupados por los facciosos”.

Estas colonias llegaron a ser muy numerosas. En septiembre de 1937 había en España 564 colonias que acogían a 45.248 niños y niñas. De éstas, 158 eran colonias colectivas y 406 de régimen familiar. Las colonias colectivas estaban instaladas en edificios cedidos o requisados a sus propietarios. En un principio, este sistema de colonias funcionó relativamente bien, gracias a una correcta logística de alojamiento, de higiene, de alimentación, etc. Pero el continuo avance del ejército nacional a lo largo de 1938 agravó el problema de las evacuaciones y del mantenimiento. Muchas colonias de Levante y Cataluña se convirtieron en meros refugios donde el hacinamiento de los niños impedía desarrollar labores asistenciales y educativas. De hecho, algunos de los niños alojados primero en las colonias se desplazaron después al exterior, cuando cayó la zona mediterránea en manos del Ejército Nacional, de modo que vivieron en carne propia todo el proceso de extrañamiento, interno y exterior.

Los niños de la guerra civil española

Marco general: Un éxilio infantil histórico.

Según los investigadores o estudiosos que se han aproximado al fenómeno, durante toda la guerra fueron evacuados aproximadamente un total de 32.000 menores. Un informe del año 1949 de la Delegación de Repatriación de Menores concreta el número en 32.037 niños, de los cuales 20.266 habrían sido repatriados ya en esa fecha.

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A esta cifra habría que añadir la del éxodo que se produjo en los primeros meses del año 39, tras la caída de Barcelona, que llevó al exilio a cerca de 70.000 niños. Estos niños normalmente salieron con su familia y por tanto no sufrieron esa primera consecuencia del extrañamiento familiar que hubieron de soportar los evacuados durante la guerra, si bien muchos de ellos acabarían viviendo a la postre exilios permanentes y separaciones de su familia, y sufrieron pues las consecuencias del exilio igual que los demás.

En cuanto a los principales países de destino, se cifra en torno a 20.000 el número de niños que fueron evacuados a Francia, a Bélgica fueron en torno a 5.000 y Reino Unido acogió una cifra algo inferior, 4.100 aproximadamente, y luego la Unión Soviética recibió unos 3.000 niños. México y Suiza acogieron muchos menos, en torno a 500 niños en cada uno, si bien el caso de los niños de México es muy significativo, pues son los “Niños de Morelia”, cuya presencia o repercusión, podríamos decir, mediática, es más relevante de la que por su volumen sobre el total de desplazados le correspondería.

Los niños de la guerra civil española

Contexto histórico: Transcurso de la Guerra Civil Española

En septiembre de 1936 tuvo lugar la primera evacuación de pequeños grupos de niños hacia Francia, pero las primeras expediciones oficiales organizadas datan de marzo de 1937. Una primera expedición llevó 450 niños vascos a la isla de Oléron, en Francia; otra condujo a 72 niños a la Unión Soviética.  La evolución de la guerra en el Norte, sobre todo tras el bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937, aceleró el proceso de las expediciones infantiles hacia Francia, Bélgica, Inglaterra y la Unión Soviética, países que, como se ha señalado, acogieron el mayor número de niños. Pequeños grupos fueron a Suiza, Holanda y Dinamarca. Otros países, como Suecia y Noruega, también atendieron la llamada del Gobierno de la República y, aunque no acogieron a niños en su territorio, sostuvieron colonias en Francia. Por último, a México fueron los llamados «Niños de Morelia».

Estas expediciones oficiales contaron con el apoyo de varias organizaciones políticas, sindicales y humanitarias –los cuáqueros en especial-, fueron acompañadas de campañas de sensibilización por parte de los sindicatos, de los partidos, fundamentalmente de izquierda, y de las organizaciones humanitarias, y se crearon comités de apoyo, siempre concibiendo la evacuación con carácter provisional, es decir, durante la duración de la guerra.

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Niños evacuados

Ricardo Torrijos da testimonio, en El mejor pasado, de la evacuación a Francia:

“Una semana después de la reunión en el Ministerio de Sanidad, nos trasladaron en unos autobuses a Barcelona. Nos alojaron en un viejo caserón medieval en la calle de Moncada, en pleno Barrio Gótico. La capital catalana pasaba por un mal momento en materia de abastecimiento. Nuestra breve estadía en el histórico caserón no pudo ser más dura. Nunca he podido olvidarla, porque fue la primera experiencia en mi vida de pasar un hambre atroz. Después he pasado muchas y quizás el destino me tiene reservadas otras. No lo sé, pero desearía no se repitiesen. En aquella ocasión, apenas nos dieron algún plato de comida. Para calmar nuestro voraz apetito, recurrimos a extremos, poco al uso. Comer la corteza de los árboles. Afortunadamente, el suplicio duró sólo unos días”.

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Con la caída de Barcelona a principios de 1939 se inició el éxodo que en apenas unas semanas condujo a Francia a medio millón de refugiados, de los que unos 170.000 eran mujeres, ancianos y niños. La vida en Francia fue muy difícil, tanto por las condiciones materiales de acogida -no hay que olvidar que en septiembre del mismo año, apenas unos meses más tarde del fin de la guerra de España, comenzaría la Segunda Guerra Mundial, con Francia como una de los principales campos de batalla- como por el rechazo de los sectores conservadores de la opinión pública hacia los “rojos” españoles. Aunque hubo niños en los campos de internamiento (como Argelès sur Mer), la mayoría fueron distribuidos desde los centros de selección próximos a la frontera a improvisados refugios por todo el país.

Así lo refleja Ángeles Muñoz en Destino Bélgica:

“Estos niños exilados, hijos de republicanos en su mayoría, llevaban con ellos el estigma de “rojos”. Como tales, conocieron antes del exilio la violencia de ver a sus padres o familiares cercanos muertos, encarcelados o desaparecidos. Y, como tantos otros hijos de republicanos, conocieron primero un éxodo interior, con desplazamientos sucesivos según el avance de las tropas franquistas… Los últimos momentos que los pequeños pasaron en España… describen la misma realidad: bombardeos constantes, hambre, miedo, separaciones, muertes. Hasta la evacuación de 1939”.

Historias

Los avatares de la Guerra Civil primero y de la II Guerra Mundial después convirtieron a muchos de los niños evacuados en exiliados forzosos, al no poder regresar a España temporal o definitivamente. La mayoría de los países facilitaron la repatriación de los menores, excepto la Unión Soviética y México, con los que el régimen de Franco no mantenía relaciones diplomáticas. En el caso de México, su gobierno no reconoció al régimen franquista y puso trabas al retorno infantil. En el caso de los «Niños de Rusia“, algunos fueron repatriados a España a partir de 1956, junto con los prisioneros en la célebre División Azul, que habían luchado con la Alemania nazi en el frente ruso.

Si bien es cierto que los niños y las niñas que retornaron a España tras la Guerra Civil, encontraron un mundo muy diferente del que habían dejado al marcharse y sufrieron, además de las penurias comunes a toda la población durante la década de 1940, las represalias inherentes al hecho de ser hijos de “rojos”, el nombre de “Niños de la Guerra” en sentido estricto ha de reservarse a aquellos que, por unos u otros motivos, nunca volvieron a España.

Hay una amplia bibliografía sobre este fenómeno histórico, especialmente a partir de los años 80 del pasado siglo, una vez se recuperó la democracia en España. Y desde la Dirección General de Migraciones, con los diferentes nombres que ha tenido a lo largo del tiempo, se ha hecho una modesta aportación para difundir el conocimiento de este episodio histórico.

José Julio Rodríguez
Subdirector General de la Ciudadanía Española
en el Exterior y Políticas de Retorno