Dos Niños de la Guerra que se enamoraron en Rusia

22 jun

Los destinos de Leopoldo Bruno y Esther Muñiz no parecían tener ningún tipo de conexión a principios de los años 30. Ella nació en Gijón, en el seno de una familia obrera; él era de Madrid, y su padre era comandante de aviación del ejército republicano. La guerra aniquiló las diferencias de estos dos Niños, poniéndoles a ambos en el lado de las víctimas de la condición inhumana: ella quedó huérfana de madre y él huérfano de padre. La primera fue disparada en plena huida, durante los bombardeos de Gijón; el segundo fue fusilado tras verse obligado a realizar un aterrizaje forzoso en territorio enemigo.

Han pasado más de 70 años después de aquella desgracia, y las sombras de sus pasados quizás aun busquen algún signo de identidad de aquellos niños que marcharon y no volvieron hasta pasada media vida.

Leopoldo y Esther nos recibieron en su casita de Madrid. Al contrario de lo que se pudiera esperar del hogar de dos ancianos, los recuerdos no hacen peso sobre las paredes ni sobre los techos, no gotean sobre las sábanas ni se reflejan en los abrillantados espejos. Todos sus recuerdos van en una maleta que se acostumbraron a transportar gustosamente. Ahora, juntos tras la tormenta, se dicen: “¡qué bien que pasó aquello!”. Sus motivos los han dejado grabados en ‘Los niños que nunca volvieron’.

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